El 'bondiolicidio': cómo las importaciones destruyeron un negocio nacional exitoso
La bondiola representa un caso paradigmático de cómo las políticas de importación descontrolada pueden destruir sectores productivos nacionales que habían alcanzado un equilibrio virtuoso. Durante décadas, este corte porcino logró transformarse de producto secundario en pilar del consumo doméstico, hasta que la competencia desleal importada desmanteló todo el sistema.
El éxito de un modelo nacional
Hasta principios de los años 2000, la bondiola era un corte marginal destinado exclusivamente a fiambres curados. Su transformación en producto fresco para parrilla generó una revolución comercial que revalorizó toda la cadena porcina nacional. Este cambio no solo mejoró los precios del corte principal, sino que permitió compensar la baja valorización de otras partes de la media res como patitas y cabeza.
El modelo funcionó incluso durante crisis sanitarias. En 2009, durante la mal llamada gripe "porcina", mientras otros cortes cayeron 20% en consumo, la bondiola se mantuvo estable. Los consumidores la percibían como carne vacuna bajo la lógica cultural de que "todo lo que va a la parrilla es carne de vaca".
La destrucción del equilibrio productivo
El punto de quiebre llegó cuando las grandes cadenas comenzaron a descongelar cortes importados y comercializarlos como producto fresco. La bondiola importada pasó a representar cerca del 50% del total de importaciones del sector, generando márgenes superiores a los 25.000 dólares por contenedor para los importadores.
Según el análisis de Juan Luis Uccelli de JLU Consultora, este proceso desarmó un modelo que había logrado integrar valor de forma lógica para la realidad argentina. La importación masiva alteró precios relativos y distorsionó la relación histórica entre cortes, generando una caída marcada en la relación de precios entre bondiola y pechito.
El colapso de enero 2026
La situación se profundizó en enero de 2026 con la presencia masiva en supermercados de bondiola congelada importada, principalmente desde Brasil, comercializada con fechas de vencimiento superiores a un año. La sobreoferta obligó a liquidar mercadería stockeada, debilitando aún más el valor del corte nacional.
Uccelli define este proceso como un verdadero "bondiolicidio": la destrucción sistemática de un negocio exitoso construido sobre producción nacional, consumo fresco y equilibrio en la cadena productiva, reemplazado por un esquema de importación que no fortaleció el sistema sino que lo volvió más vulnerable.
Lecciones para el sector productivo
Este caso deja una advertencia estructural para el sector porcino argentino: cada innovación comercial debe pensarse en términos sistémicos. Crear valor en un corte sin cuidar el equilibrio de toda la cadena puede generar éxitos temporales, pero también desequilibrios profundos y difíciles de revertir.
La experiencia demuestra que cuando la lógica del corto plazo domina las decisiones comerciales y las políticas de importación carecen de criterios estratégicos, los costos se pagan inevitablemente en el largo plazo, destruyendo sectores productivos que habían logrado consolidarse exitosamente en el mercado nacional.