El 'bondiolicidio': cuando las importaciones destruyen un modelo productivo exitoso
La bondiola porcina representa un caso paradigmático de cómo las importaciones descontroladas pueden destruir décadas de desarrollo productivo nacional. Lo que comenzó como una historia de éxito empresarial terminó convirtiéndose en una advertencia sobre los riesgos de no proteger adecuadamente la producción local.
De corte marginal a estrella del mercado
Durante décadas, la bondiola ocupó un lugar secundario en la media res porcina argentina. Su destino principal era la elaboración de fiambres curados, con escasa presencia en el mercado fresco y bajo valor comercial. Esta situación cambió radicalmente a principios de los años 2000, cuando el sector decidió apostar por su comercialización como corte fresco para parrilla.
El impacto fue inmediato y contundente. La aceptación del público superó todas las expectativas, generando un incremento sostenido en los precios y estableciendo un nuevo equilibrio económico para toda la cadena porcina nacional. Este proceso no solo revalorizó la bondiola, sino que permitió compensar la baja valorización de otros cortes tradicionalmente menos demandados.
Resistencia ante las crisis
La fortaleza del modelo se evidenció durante la crisis de la gripe A1H1 en 2009. Mientras otros cortes porcinos experimentaron caídas del 20% en el consumo, la bondiola mantuvo su posición en el mercado. El análisis posterior reveló un factor clave: muchos consumidores la percibían como carne vacuna, bajo la lógica cultural de que 'todo lo que va a la parrilla es carne de vaca'.
El punto de quiebre: la entrada de las importaciones
El modelo virtuoso comenzó a desmoronarse cuando una cadena de supermercados decidió descongelar cortes importados y comercializarlos como producto fresco. Esta práctica alteró completamente la dinámica del mercado, permitiendo que la bondiola importada ganara terreno hasta representar cerca del 50% del total de las importaciones del sector.
Los números son elocuentes: los importadores obtienen márgenes superiores a los 25.000 dólares por contenedor en ganancia bruta, pero a costa de desarticular un sistema productivo que había logrado integrar valor de manera eficiente para la realidad argentina.
Distorsión estructural del mercado
Según el análisis de Juan Luis Uccelli, de JLU Consultora, este proceso generó una distorsión profunda en la relación histórica entre cortes. La importación masiva no solo alteró los precios relativos, sino que provocó una caída marcada en la relación de precios entre bondiola y pechito durante la última década.
La situación se agravó en enero de 2026, con la masiva presencia en supermercados de bondiola congelada importada, principalmente desde Brasil, comercializada con fechas de vencimiento superiores a un año. La sobreoferta obligó a liquidar mercadería stockeada, debilitando aún más el valor del corte nacional.
Un modelo que requiere protección
Uccelli define acertadamente este proceso como un 'bondiolicidio': la destrucción sistemática de un negocio exitoso basado en producción nacional, consumo fresco y equilibrio sectorial, reemplazado por un esquema de importación que no fortalece el sistema productivo sino que lo vuelve más vulnerable.
El caso de la bondiola trasciende lo anecdótico para convertirse en una lección estructural. Demuestra que las innovaciones comerciales deben pensarse en términos sistémicos, cuidando el equilibrio de toda la cadena productiva. Cuando la lógica del corto plazo domina las decisiones comerciales, los costos inevitablemente se pagan en el largo plazo, comprometiendo la soberanía alimentaria y el desarrollo productivo nacional.
La defensa de la producción nacional no es solo una cuestión económica, sino un imperativo estratégico que requiere políticas públicas coherentes y un sector privado comprometido con el desarrollo del país.