Balotaje en Colombia: tras el fracaso petrista, la hora del orden
El balotaje entre Iván Cepeda y Abelardo De la Espriella expresa la confrontación entre el continuismo populista y la corrección institucional. Petro deja un país con crisis de seguridad, déficit fiscal y polarización, pero también una izquierda que dejó de ser marginal.
Por qué el balotaje colombiano es un referéndum sobre el fracaso de Petro
Durante décadas, Colombia fue la excepción institucional de América Latina. Mientras la región sucumbía a populismos y crisis, Bogotá conservaba un sistema relativamente estable, alternado entre liberales, conservadores y distintas expresiones del uribismo. Aquella estabilidad, sin embargo, tenía un costo: una creciente desconexión entre el establishment político y amplios sectores de la sociedad.
Las protestas de 2021 contra el gobierno de Iván Duque marcaron el quiebre. Un estallido social, detonado por una reforma tributaria pero alimentado por un malestar profundo, expuso fracturas que el modelo no había sabido resolver. Tampoco los dividendos del acuerdo de paz de 2016 con las FARC llegaron a los territorios periféricos, donde la retirada guerrillera fue reemplazada por la expansión de economías ilegales y grupos armados.
En ese contexto emergió Gustavo Petro, ex integrante del M-19, quien se convirtió en el primer presidente de izquierda de la historia colombiana. Su victoria de 2022 no fue tanto una revolución ideológica como la crisis definitiva del orden político que gobernó Colombia durante más de un siglo. Petro fue menos la causa que la consecuencia de una transformación que excedía a la izquierda tradicional.
El balance de Petro: seguridad destruida y gasto público insostenible
Cuatro años después, el balance del ciclo petrista es contundente en sus fracasos. La seguridad constituye el aspecto más vulnerable de su legado. La estrategia de «Paz Total», diseñada para negociar simultáneamente con guerrillas, disidencias y bandas criminales, produjo resultados muy inferiores a los prometidos. La violencia volvió a crecer en amplias regiones. Los atentados, los ataques con explosivos y la expansión de grupos armados devolvieron a los colombianos una sensación de inseguridad que creían superada.
La economía tampoco ofrece un balance favorable. El gobierno de Petro deja un elevado déficit fiscal, una inflación que ha vuelto a acelerarse y un sistema de salud sometido a fuertes tensiones financieras. La creciente presión sobre las cuentas públicas obligará al próximo presidente a tomar decisiones incómodas desde el primer día de gestión.
Es cierto que durante estos cuatro años la pobreza y la desigualdad disminuyeron, el desempleo se redujo y los salarios registraron aumentos significativos. Pero esos resultados fueron impulsados por una política de fuerte expansión del gasto público y sucesivos incrementos del salario mínimo, un esquema de cortoplacismo fiscal cuyo costo recae ahora sobre las cuentas del Estado. Millones de colombianos sintieron que el Estado hablaba en su nombre, pero la pregunta es a qué precio y por cuánto tiempo.
La izquierda como alternativa de poder: el legado cultural de Petro
Más allá de los indicadores económicos, el primer gobierno de izquierda significó para muchos colombianos algo más que un cambio de administración. Las regiones históricamente olvidadas, las comunidades indígenas y afrodescendientes, junto con amplios sectores populares, encontraron una representación política que durante décadas les había sido ajena.
Ese cambio cultural constituye probablemente el legado más importante de Petro: la izquierda dejó de ser una fuerza marginal para convertirse en una alternativa de poder. Es precisamente esa identidad política que Iván Cepeda intenta preservar. Más que la continuidad de un gobierno, el senador de 63 años busca garantizar la supervivencia de una nueva mayoría construida alrededor de la inclusión social y la ampliación de derechos. La izquierda colombiana ya no pelea por ser aceptada. Ahora pelea por conservar el poder.
De la Espriella: la derecha que no viene del establishment
Del otro lado emerge Abelardo De la Espriella, un fenómeno tan novedoso como disruptivo. Las diferencias con la derecha tradicional colombiana son significativas. Durante décadas, figuras como Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Iván Duque representaron distintas variantes de un mismo establishment político, vinculado a las élites económicas y a una visión institucional del poder.
De la Espriella expresa una mutación de esa tradición. Su liderazgo es más personalista, más identitario y mucho más influido por fenómenos internacionales. Encarna una derecha radical con rasgos propios, cuyo lenguaje se parece más al de Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele que al de las viejas élites bogotanas. No promete administrar mejor el país. Promete salvarlo.
Su idea de la «Patria Milagro» descansa en una narrativa de esperanza y grandeza nacional más que en un programa económico detallado. Su campaña se asemeja más a una narrativa de redención que a un programa clásico de gobierno. Y allí reside su principal innovación política.
Emociones contra reformas: por qué De la Espriella comprendió el siglo XXI
De la Espriella comprendió algo que muchas élites latinoamericanas todavía se resisten a aceptar: las elecciones del siglo XXI se ganan menos con programas que con emociones. Mientras Cepeda habla de reformas, De la Espriella habla de orgullo. Mientras el oficialismo reivindica la inclusión, el opositor promete restablecer el orden. Y en sociedades atravesadas por la incertidumbre, la demanda de orden suele convertirse en una fuerza política formidable.
En el fondo, la elección de este domingo es un referéndum sobre el legado de Petro y, al mismo tiempo, la disputa por definir qué forma adoptará la nueva Colombia que emergió después de él. Más que antagonistas absolutos, Petro y De la Espriella son expresiones diferentes de una misma transformación histórica: la crisis de la vieja política. Ambos emergieron de las fisuras de un sistema que garantizó estabilidad pero que terminó perdiendo capacidad para representar a una sociedad cada vez más diversa.
La diferencia está en que uno busca construir legitimidad alrededor de la inclusión social, mientras el otro lo hace alrededor de la autoridad y la seguridad. Para el votante colombiano, la pregunta es clara: ¿corrección o continuismo?
¿Qué dejó el gobierno de Gustavo Petro en Colombia?
Petro deja un país más polarizado, con crisis de seguridad por el fracaso de «Paz Total», déficit fiscal elevado, inflación acelerada y tensiones en el sistema de salud. Sin embargo, también reduce la pobreza, disminuye el desempleo y logra que la izquierda deje de ser marginal para consolidarse como alternativa de poder.
¿Quién es Abelardo De la Espriella y por qué es diferente de la derecha tradicional?
De la Espriella es un outsider que encarna una derecha radical, influida por figuras como Trump, Milei y Bukele. A diferencia de la derecha tradicional colombiana, vinculada al establishment y a las élites bogotanas, su liderazgo es personalista, identitario y basado en una narrativa emocional de redención nacional.
¿Qué significa el concepto «Patria Milagro» de De la Espriella?
«Patria Milagro» es la propuesta central de De la Espriella, una narrativa de esperanza y grandeza nacional que prioriza la restitución del orden y la seguridad por encima de un programa económico detallado. Se inscribe en la lógica de los liderazgos contemporáneos que priorizan la conexión emocional con el electorado.