Los rigurosos estándares de la alta costura francesa: un modelo de excelencia empresarial
La alta costura parisina representa uno de los sectores más exclusivos y regulados del mercado global del lujo, donde apenas 13 marcas logran cumplir con los exigentes criterios establecidos por las autoridades francesas desde 1945.
Este modelo de regulación estatal, que protege jurídicamente la denominación "alta costura", constituye un ejemplo paradigmático de cómo las instituciones pueden preservar la excelencia productiva y la competitividad nacional en sectores estratégicos.
Criterios de excelencia productiva
Los requisitos para obtener esta denominación reflejan un enfoque de calidad total que las empresas argentinas podrían emular en sus respectivos sectores:
La producción debe realizarse íntegramente en Francia, con un staff mínimo de 20 empleados fijos, garantizando estabilidad laboral y desarrollo de competencias especializadas. Las firmas deben mantener dos talleres especializados: uno de "tailleur" para prendas estructuradas y otro de "flou" para piezas fluidas.
Además, se exige la presentación de dos desfiles anuales en París, con un mínimo de 25 conjuntos cada uno, demostrando capacidad productiva constante y presencia en el mercado internacional.
El valor de la marca país
Entre las 13 marcas que ostentan la denominación se encuentran gigantes como Dior, Chanel y Givenchy, junto a Jean Paul Gaultier, Maison Margiela, Alexis Mabille, Schiaparelli y Julien Fournié. Notablemente, grandes casas francesas como Saint Laurent y Hermès no figuran en la lista, evidenciando la rigurosidad del sistema.
Pascal Morand, presidente ejecutivo de la Federación de la Alta Costura y Moda (FHCM), destaca que este sector funciona como un "laboratorio" de creatividad y constituye un "símbolo de la identidad francesa".
Protección del patrimonio productivo
La alta costura, regulada por el Ministerio francés de Industria, recientemente fue declarada patrimonio inmaterial francés, primer paso hacia su candidatura al patrimonio de la UNESCO. Esta decisión demuestra cómo un Estado puede proteger y potenciar sectores productivos de alto valor agregado.
El modelo francés de la alta costura ofrece lecciones valiosas sobre la importancia de mantener estándares de excelencia, proteger la marca país y generar marcos regulatorios que promuevan la competitividad sin burocratización excesiva.