Colombia: 3 claves para recaudar sin subir impuestos
Con un déficit fiscal que roza el 5,3% del PIB y una deuda pública que amenaza con alcanzar el 70% del producto a fin de década, Colombia enfrenta un dilema que resuena en toda la región: cómo incrementar la recaudación sin estrangular al sector productivo con una nueva reforma tributaria. La abogada Katherine Díaz, socia fundadora de V&V Asociados y exfuncionaria de la Dian, plantea tres mecanismos concretos para lograrlo: ratificar convenios de doble imposición pendientes, negociar un acuerdo de renta con Estados Unidos y modernizar tecnológicamente la autoridad tributaria.
El diagnóstico fiscal: gasto descontrolado y recaudación en caída
Las cifras son elocuentes. El recaudo tributario colombiano cayó del 16,7% al 14,4% del PIB, mientras los intereses de la deuda absorben uno de cada tres pesos que ingresan por impuestos. El Ministerio de Hacienda calcula un faltante de aproximadamente $30 billones para equilibrar las cuentas públicas. El déficit total asciende a $106 billones.
Díaz advierte que la solución no pasa por seguir apretando a los mismos contribuyentes.
Colombia arrastra con presiones de gasto, necesidades de recaudo y una dependencia muy importante de los ingresos tributarios para sostener el presupuesto.La exfuncionaria cuestiona además que una rebaja generalizada funcione sin ampliar la base gravable ni reforzar los controles contra la evasión y el contrabando, males crónicos de las economías con estados débiles.
¿Por qué ratificar los convenios de doble imposición genera recaudo?
El primer mecanismo propuesto es destrabar los convenios para evitar la doble imposición que Colombia ya firmó pero que permanecen estancados en trámites burocráticos. El país tiene apenas unos 15 acuerdos de este tipo, una cifra que palidece frente a los más de 40 de México o los cerca de 30 de Brasil.
Díaz señala que existen tratados ya suscritos con Emiratos Árabes Unidos, Uruguay, Luxemburgo, Países Bajos y Brasil que siguen empantanados.
Ratificarlos representaría la ganancia fiscal más económica y rápida para el país.Estos convenios no solo alivian la doble tributación, sino que mejoran la seguridad jurídica y fomentan la inversión extranjera, un factor clave para el crecimiento económico.
El acuerdo con Estados Unidos que Colombia aún no tiene
El segundo frente es la negociación de un convenio de doble imposición sobre la renta con Estados Unidos, el principal socio comercial de Colombia. Ese acuerdo simplemente no existe, y esa ausencia genera incertidumbre entre los inversionistas y desvía capital hacia plazas como Santiago o Ciudad de México.
Díaz reconoce que es una negociación compleja en lo técnico y en lo político, pero con el mayor potencial para impulsar inversión y facilitar la repatriación de utilidades. Su propuesta va más allá: que la negociación de tratados deje de depender de afinidades diplomáticas de turno y se convierta en una política de Estado, con una unidad técnica permanente alineada con estándares internacionales como Naciones Unidas, Beps y Pilar Dos.
En esta visión, los convenios modernos no serían una vía para reducir obligaciones de grandes compañías, sino instrumentos de control con cláusulas antiabuso e intercambio de información, lo que los convierte en munición directa contra la evasión.
Modernización de la Dian: tecnología contra la evasión
El tercer mecanismo apunta a la capacidad operativa del Estado para cobrar lo que ya se causa. El sistema Muisca de la Dian fue diseñado en 2006 para 200.000 contribuyentes; hoy atiende a más de 700.000. Esa brecha explica buena parte de las limitaciones del fisco para fiscalizar, cruzar información y cerrar espacios a la evasión.
La modernización cuenta con recursos aprobados desde hace años. Existe un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo por USD250 millones otorgado en 2018, pero a finales de 2024 la ejecución llegaba apenas a un tercio. La ineficiencia estatal, una vez más, se cobra un precio alto.
El tema de la modernización de la Dian y el uso de la tecnología para la persecución de la evasión va a ser una de las piezas centrales si quiere cumplir con su agenda sin subir tarifas de forma tan abrupta.
Un sistema actualizado con inteligencia artificial y análisis de datos podría añadir decenas de billones de pesos al recaudo anual. La lógica es clara: mejorar el cobro de lo ya causado y cerrar el paso a la evasión, sin necesidad de castigar al contribuyente cumplidor con nuevas cargas.
¿Qué otros elementos incluye la propuesta fiscal?
El marco general va más allá de estos tres mecanismos y apunta a fortalecer la gestión tributaria del Estado. También incluye ampliar la base de contribuyentes, combatir el contrabando y la informalidad, revisar beneficios tributarios ineficientes, mejorar la eficiencia del gasto público y participar de forma activa en la convención marco de cooperación tributaria de Naciones Unidas.
¿Por qué Colombia necesita evitar una nueva reforma tributaria?
Una nueva reforma significaría aumentar la carga sobre los mismos contribuyentes de siempre, desincentivando la inversión y la formalidad. Con un recaudo en caída y una deuda que crece, el país necesita soluciones estructurales que no pasen por subir tarifas, sino por mejorar la eficiencia del Estado, combatir la evasión y generar las condiciones para que la inversión fluya.
¿Qué lecciones deja este caso para la región?
El caso colombiano es un reflejo de un problema regional: estados con gasto descontrolado, burocracia excesiva y sistemas tributarios que castigan al sector formal en lugar de ampliar la base y perseguir al evasor. La solución no es más impuestos, sino más Estado en lo que importa: control, tecnología y política exterior activa para atraer capital.